Cada informe, leído por IA. Cada plazo, a la vista.
Ya sabes cuánto te costó. Ahora sabes cómo va y cómo llega. Cada agencia escribe distinto; nosotros lo dejamos parejo, en un formato que se puede gestionar sin volver a leerlo entero.
Desde que se emite la orden de compra hasta que el equipo queda liberado, Maxwell está en cada paso del camino. No hay que ir a buscarlo ni ponerlo al día: sabe dónde estás y trabaja contigo ahí mismo.
Conoce el proyecto entero —las órdenes, los informes, los plazos, lo que está trabado y por qué—, así que no hay que explicarle el contexto cada vez que se le pregunta algo.
Una minera no fabrica sus equipos: los compra. Un proyecto EPC —Ingeniería, Compras y Construcción— encarga molinos, estanques, salas eléctricas y bombas en decenas de talleres distintos, muchas veces en otros países, y después los recibe en faena para montarlos.
Entre la orden de compra y el día en que los equipos llegan al cliente hay meses de fabricación que nadie ve. Ahí es donde se decide si el equipo va a servir — y ahí es donde trabaja esta plataforma.
Nuestro diseño de arquitectura considera desde el inicio la privacidad y protección de los datos industriales de su compañía minera.
Separación hermética de datos entre clientes en la nube (GCP). Los datos de una minera jamás se cruzan con los de otra.
Garantía legal (Ley 19.628) de que los diseños confidenciales jamás serán utilizados para entrenar modelos públicos de IA.
Protección técnica de 9 capas contra ataques y cumplimiento absoluto de la Ley de Ciberseguridad 21.663.
El aseguramiento confirma antes de comprar que el proveedor es capaz. La vigilancia verifica durante la fabricación que cada equipo cumpla la ingeniería aprobada — y detiene el defecto en el origen.
Un informe de inspección dice «Hold Point 4.2 no liberado, END pendiente según ASME V». Quien decide la compra no está obligado a saber qué significa eso, y hoy tiene que preguntar — o firmar sin entender. El motor traduce: toma el vocabulario técnico —Hold Points, VDRL, ASME, API, AWS— y entrega una frase en lenguaje de negocio: qué equipo está frenado, por qué, y cuántos días le cuesta al proyecto. Esa traducción es el producto.
No es un tablero que alguien tiene que acordarse de mirar. El sistema revisa solo, todos los días, y cuando algo se sale de lo previsto avisa con la acción que corresponde y el plazo para hacerla. Estos son los tres niveles, con el criterio exacto que los dispara.
La IA hace el trabajo pesado de organizar la información. El ingeniero conserva siempre la última palabra.
El que compra, el que fabrica y el que inspecciona miran la misma orden de compra desde tres lugares distintos, y hoy cada uno tiene su propia versión. Acá los tres ven el mismo estado, en el mismo momento.
Entra al sistema en vivo, sin registro, y velo procesando un informe real.